lunes, 3 de diciembre de 2007

Anatema de la Belleza

Este es el nuevo ejercicio con el que participaré en el taller de literatura de metatextos, donde dos o tres cabrones se sienten críticos excelentes y héroes de la literatura, dos o tres escriben mierda pura y dos o tres escriben mas o menos a veces, pero no se los puedes decir porque son delicados. Yo trato de repartirme entre los que escriben mierda pura y mas o menos.

La onda es escribir en 300 palabras algo que tenga que ver con un cuento de Jorge Luis Borges que se llama Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, mi propuesta es la siguiente:

Anatema de la Belleza

Sentado en una roca, una pierna flexionada, la otra estirada hacia la arena. Abrió los ojos y con un gesto gentil rechazó a los emisarios y sus obsequios. Para quien únicamente consume agua y alimañas del desierto, todo es superfluo.

Pero un día llegó ella. La reina Updur interrumpió la meditación del anacoreta.

- Santo varón, traigo reposo de tú carga, el conocimiento de la otra inteligencia debe usarse con benevolencia en beneficio de todo Tlön.

- Mujer, le contestó, cuando no comamos los frutos arrancados a la tierra con esfuerzo, ni vistamos lo que los artesanos crean o reconozcamos en cada utensilio el ingenio del orfebre, comenzaremos a perder nuestra alma. Todo carecería de valor, Tlön se convertiría en un infierno sin sentido. La otra inteligencia, como la llamas, es una maldición que morirá conmigo.

- ¡Necio!, seriamos dioses, dueños de la creación.

- ¡Anatema!, grito él, ¡Lárgate!, ¡jamás será tuya!. Tortúrame, sabes que nada diré. Busca después lo que deseas entre mi carne muerta.

Updur se retiraba enfurecida, seguida de su sequito; Balmina, volteó hacia el anciano mientras seguía a su madre, encontrando por un instante sus ojos, para después bajar la mirada con timidez. Estaba destruido y la bruja sonriendo demoníacamente, lo supo.

Angustiado por el deseo, derrotado por una visión en su senectud. No era lujuria. Era algo más simple. La contemplación de la belleza de la niña, perecedera, ilógica; pero en la que había perfección y verdad. Cuando la reina volviera, daría todo para admirarla por siempre.

Al siguiente día, Updur marchó acompañada por Balmina ataviada como una princesa celestial. Se colocó un toldo especial en el palanquín imperial, para evitar que el sol se deslumbrara con su belleza.

Al entrar en la ermita, la reina rugió como una bestia herida. Lo encontró sentado como de costumbre, a sus pies, en la arena, yacían dos esferas ensangrentadas y sobre su apacible sonrisa, dentro de las cuencas vacías, se vislumbraba la infinita tranquilidad del universo.


2 comentarios:

E.M. Acosta Bolívar dijo...

hoooola! me lei nada mas la introduccion porq quiero escribir el mio sin estar "influenciada" por ningun otro escrito. (jajaja aun ni leo el cuento!)

y tienes razon... si q se armo tremendo lio por un simple ejercicio! XD confusion de egos!

saludos... te leere en el meta ;)

IndeLeble dijo...

Muy buen texto ! Así que te hice calentar ...Esa era mi noble intención , salu2 argentinos a un mejicano lindo ...Y nos seguimos leyendo